miércoles, 19 de marzo de 2008

EPOCAS Y RECUERDOS

JUGUETERIA “1810” (Los comienzos).

En un Buenos Aires distante, cuyos barrios como suburbios de aquel primigenio centro histórico y administrativo, crecían y se extendían sobre la llanura circundante al advenimiento de las comunicaciones: primero sendas y caminos, luego el ferrocarril y sus estaciones, después el tranvía y hasta la primera línea de subterráneos de América del Sud, que corría bajo la superficie desde Plaza de Mayo hasta “Primera Junta” (altura Rivadavia 5400) y se inauguró en l9l3.
El barrio de “Caballito”, cuyo nombre deviene de una veleta con dicha figura ubicada desde el siglo pasado en lo alto de una pulpería situada en la esquina de Rivadavia y Emilio Mitre, fue creciendo al compás del progreso que le aportaron también: la cercana estación del ferrocarril Oeste, el club homónimo, las nuevas líneas de tranvías eléctricos y la Escuela Primaria “Primera Junta” en la vereda impar del 5200 de Rivadavia. Era un barrio extendido con algunas calles de tierra (sin pavimentar) con muy pocas casas de altura, algunos palacetes residenciales rodeados de grandes y cuidados jardines y hasta pequeñas quintas con infaltables molinos de viento y gallinas que escapaban y deambulaban por la calle y en las abiertas cunetas de drenaje.
La tierra se loteaba en parcelas urbanas con frente de 10 varas: 8,66 metros y daba lugar a la construcción de las características casas “chorizo” de una o dos plantas y sobre las avenidas generalmente con un local comercial a la calle. El propósito mas común era la renta de alquiler, entonces aún segura y conveniente.
Corría el mes de Octubre del año l924, mi abuelo materno con su familia de esposa e hijos solteros, emigrados de Rusia hacía apenas dos años y con la ayuda de parientes ya establecidos, alquilaron la Planta Baja de la finca de Rivadavia 5228 y 5234 que constaba del clásico local al frente y la consabida vivienda “chorizo” detrás; con la función de montar un negocio de librería y papelería escolar justo enfrente de la escuela referida en espera de la clientela natural.
Es interesante detenerse a describir su instalación.
El frente integralmente construido en hierro remachado, con dos altas puertas vidriadas y un escaparate “cajón” montado a una altura de 70 cm sobre su correspondiente reja decorativa y provisto de dos cortinas metálicas de chapa ondulada a modo de seguridad y un toldo parasol de lona blanca con un mecanismo a manivela.
El interior todo de maderas macizas, gruesas, pesadas, barnizadas oscuras y que constaba de una alta estantería perimetral a modo de depósito y de algunos mostradores cerrados cuya única utilidad era la tapa a modo de mesa y el espacio interior no visible con su estante de madera.
La única excepción era un solo mostrador provisto de tres puertas tapas vidriadas y volcables que permitían la exhibición de pequeñas mercaderías de mayor valor como eran los decorativos tinteros de tinta liquida con importante base de mármol o similar, infaltables para jerarquizar todo escritorio profesional o los secatintas basculantes haciendo juegos de estilo con “abre cartas” y “pisapapeles”.
La iluminación era en el interior del escaparate: dos únicas lamparas incandescentes de l50 Wats c/u. colocadas en sendos apliques de vidrio facetado y espejado, y en el local tres lámparas de 40 wats colgadas desde los correspondientes centros circulares ornamentales de yeso.
La solia del escalón de ingreso era de mármol blanco y todo el piso era de mosaico calcáreo con dibujo geométrico.
Todo este modernismo, fue normal y suficiente, quizás casi un lujo de la época en comparación a lo precedente.
“l8l0”: el nombre perteneciente también a una marca de cuadernos compartía con otros como “Lanceros Argentinos”, “Congreso”, etc. las necesidades de una época de integración de las corrientes inmigratorias, a quienes se intentaba transmitir “pertenencias” nacionales.
La vida era modesta, en una sociedad mucho menos productiva y en los albores de la publicidad, las ambiciones eran reducidas y el conformismo de paz, pan y trabajo fue la gran atracción de América frente a la Europa sobrepoblada y convulsionada.
Por otra parte, los inmigrantes inseguros y desarraigados dedicaron su vida al trabajo responsable y valoraron sus resultados y el ahorro consecuente, base fundamental del crecimiento Argentino y su posición comparativa internacional destacada, basada principalmente en la economía agraria de su pampa húmeda.
Así mi familia como tantas otras, se insertó como comerciantes, adquirió nuevas costumbres, por ejemplo el mate, conservó otras como el samovar traído de Rusia, se refugió en la convivencia con algunos coterráneos, y fue echando nuevas raíces hasta donde le fue posible.
Siempre añoraron sus orígenes, pero también siempre agradecieron, valoraron y quisieron a su patria adoptiva.


Mario J. Bolotinsky.

2 comentarios:

Mario dijo...

Felicitaciones Genio!! Que gratos recuerdos. yo iba al colegio Primera Junta, frente a "La 1810"... compre mil veces. Despues fuimos mas vecinos aun cuando se mudaron a Centenera y Guayaquil ! ! !

UHURA dijo...

Excelente desarrollo de la jugueteria en el pais. Nombre apellidos historias, muy detallado realmente un hallazgo. Llegue aqui buscanod confirmar si un avion que tengo armado con lego ya descolorido realmente petenecio a la sala de exposicion de la jugueteria 1810 ya que me dieron esa informacion. gracias por todo lo explicado.